MI PADRE LLEGA A CASA Yo recibí la primera impresión de amor y protección un día en que de pronto llegó a nuestra casa un señor delgado y con barbas que se sentó en una silla baja de anea para estar al lado del fuego y calentarse. Mientras lo atizaba con unas ramas de olivo, me tomó en sus brazos y, acariciándome y abrazándome, empezó a decirme cosas tiernas de amor y cariño. Al lado estaba mi madre, que me decía: “¿Sabes quién es?” Era mi padre, que había vuelto de estar escondido para evitar las persecuciones y otros actos de salvajes de las hordas desatadas del anarco-comunismo. Recuerdo que me besaba y me pinchaba con la barba, pero no me importaba porque a los cinco años estaba recibiendo por primera vez el amor de un padre que desconocía, pues llevaba unos dos años o más sin ver a sus hijos, y yo por eso no le recordaba. Mi padre estaba en Huéneja cuando estalló la guerra incivil tras el levantamiento d...