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Mostrando las entradas de enero, 2020
MI PRIMERA ESCUELA  Mi primera escuela fue la de párvulos, que entonces se llamaba de “los cagones”. La maestra era Doña Carmela Góngora Ortiz, una estupenda profesora casada con Don Juan Rull Casado, que luego sería mi último maestro en el pueblo.       La escuela de Doña Carmela estaba en un piso alto con bastantes escaleras y tenía un enorme balcón lleno de macetas con muchas flores que ella cuidaba con esmero.  De Doña Carmela Góngora recuerdo estupendamente cómo se subía al estrado de madera, donde tenía su sillón y una mesa grande llena de objetos, mientras nos hacía callar a todos, aquella chiquillería tan joven y traviesa. A esas edades prácticamente no se hacía nada en los colegios, básicamente la maestra nos entretenía, pero muy pedagógicamente, para que aprendiéramos los nombres de las cosas conforme las levantaba con la mano: nos enseñaba una llave y todos gritábamos: “Eso es una llave, señorita profesora” . Después nos enseñaba otro...
EN LA ESCUELA DE DON JUAN RULL      A esta escuela empezamos a ir con la edad de unos seis años. Ya sabíamos escribir y sumar, así como leer el Catón [1] bastante bien, aunque no éramos capaces de interpretar y menos aún de razonar lo que leíamos. La escuela estaba situada en un semisótano con una puerta fuerte de madera recia dividida en dos partes, que daba a la Calle Real. Sólo se cerraba la parte de abajo, quedando la media puerta de arriba abierta para ventilación, aunque tenía una gran ventana con rejas.      Al entrar en el colegio saludábamos siempre al señor maestro: “¡Buenos días nos dé Dios, señor maestro!” y, una vez todos dentro de la escuela y colocados en nuestros pupitres, rezábamos y algunos días cantábamos el “Cara al sol”. Al terminar las clases nos despedíamos diciendo: “¡Hasta mañana si Dios quiereeeeeee!”.      En medio de la habitación escolar había una barra vertical de hierro, una e...