LAS CHUCHES DE AQUELLOS TIEMPOS En aquellos tiempos no había quioscos ni nada parecido en los pueblos como Huéneja; se vendían sólo caramelos en algunas tiendas y nada más. Pero había una chuche que estimábamos mucho a la vez que alimentaba, y eran los garbanzos tostados. La técnica del tostado la desconozco, pues en Huéneja sólo había una señora, una viuda que vivía en el barrio de las Once Casas, que la conocía a la perfección y a la que todos los chicos del pueblo conocíamos como “la señora de los garbanzos tostados”. Parece ser que su técnica de elaboración consistía en meter los garbanzos en agua caliente una noche y luego tostarlos con una solución cálcica que depositaba una capa blanca alrededor de cada garbanzo. Lo bueno para los chicos era que aquello no necesitaba dinero alguno, que de todas formas no había. La compra o intercambio nos resultaba muy cómoda y se hacía de la siguiente manera: nosotros, en nuestra propia casa, nos llenábamos el bolsillo de...
EL PEREGRINO Un acontecimiento extraño de aquella época que nos llamaba mucho la atención a los chavales y nos divertía era la llegada de un peregrino que fue varias veces por el pueblo. Para nosotros los chicos, que tantas cosas desconocíamos, aquello era como un teatro de la vida, un entretenimiento nuevo que ver y oír en este mundo perro. El peregrino solía ser un señor con barbas largas, pues no tendría ni para pelarse. Llevaba un zurrón y una gran cruz colgada del cuello y recorría el pueblo diciendo que iba camino de Santiago para cumplir una gran promesa con el santo o con la cruz de Caravaca [1] en Murcia, donde se veneraba una cruz muy milagrosa: la gente hacía promesa de ir a verla en peregrinación y se ponían mientras tanto ...