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LAS CHUCHES DE AQUELLOS TIEMPOS   En aquellos tiempos no había quioscos ni nada parecido en los pueblos como Huéneja; se vendían sólo caramelos en algunas tiendas y nada más. Pero había una chuche que estimábamos mucho a la vez que alimentaba, y eran los garbanzos tostados.   La técnica del tostado la desconozco, pues en Huéneja sólo había una señora, una viuda que vivía en el barrio de las Once Casas, que la conocía a la perfección y a la que todos los chicos del pueblo conocíamos como “la señora de los garbanzos tostados”. Parece ser que su técnica de elaboración consistía en meter los garbanzos en agua caliente una noche y luego tostarlos con una solución cálcica que depositaba una capa blanca alrededor de cada garbanzo. Lo bueno para los chicos era que aquello no necesitaba dinero alguno, que de todas formas no había. La compra o intercambio nos resultaba muy cómoda y se hacía de la siguiente manera: nosotros, en nuestra propia casa, nos llenábamos el bolsillo de...
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                                                                EL PEREGRINO Un acontecimiento extraño de aquella época que nos llamaba mucho la atención a los chavales y nos divertía era la llegada de un peregrino que fue varias veces por el pueblo. Para nosotros los chicos, que tantas cosas desconocíamos, aquello era como un teatro de la vida, un entretenimiento nuevo que ver y oír en este mundo perro. El peregrino solía ser un señor con barbas largas, pues no tendría ni para pelarse. Llevaba un zurrón y una gran cruz colgada del cuello y recorría el pueblo diciendo que iba camino de Santiago para cumplir una gran promesa con el santo o con la cruz de Caravaca [1] en Murcia, donde se veneraba una cruz muy milagrosa: la gente hacía promesa de ir a verla en peregrinación y se ponían mientras tanto ...
MI PADRE LLEGA A CASA     Yo recibí la primera impresión de amor y protección un día en que de pronto llegó a nuestra casa un señor delgado y con barbas que se sentó en una silla baja de anea para estar al lado del fuego y calentarse. Mientras lo atizaba con unas ramas de olivo, me tomó en sus brazos y, acariciándome y abrazándome, empezó a decirme cosas tiernas de amor y cariño. Al lado estaba mi madre, que me decía: “¿Sabes quién es?”      Era mi padre, que había vuelto de estar escondido para evitar las persecuciones y otros actos de salvajes de las hordas desatadas del anarco-comunismo. Recuerdo que me besaba y me pinchaba con la barba, pero no me importaba porque a los cinco años estaba recibiendo por primera vez el amor de un padre que desconocía, pues llevaba unos dos años o más sin ver a sus hijos, y yo por eso no le recordaba.      Mi padre estaba en Huéneja cuando estalló la guerra incivil tras el levantamiento d...
MI PRIMERA ESCUELA  Mi primera escuela fue la de párvulos, que entonces se llamaba de “los cagones”. La maestra era Doña Carmela Góngora Ortiz, una estupenda profesora casada con Don Juan Rull Casado, que luego sería mi último maestro en el pueblo.       La escuela de Doña Carmela estaba en un piso alto con bastantes escaleras y tenía un enorme balcón lleno de macetas con muchas flores que ella cuidaba con esmero.  De Doña Carmela Góngora recuerdo estupendamente cómo se subía al estrado de madera, donde tenía su sillón y una mesa grande llena de objetos, mientras nos hacía callar a todos, aquella chiquillería tan joven y traviesa. A esas edades prácticamente no se hacía nada en los colegios, básicamente la maestra nos entretenía, pero muy pedagógicamente, para que aprendiéramos los nombres de las cosas conforme las levantaba con la mano: nos enseñaba una llave y todos gritábamos: “Eso es una llave, señorita profesora” . Después nos enseñaba otro...
EN LA ESCUELA DE DON JUAN RULL      A esta escuela empezamos a ir con la edad de unos seis años. Ya sabíamos escribir y sumar, así como leer el Catón [1] bastante bien, aunque no éramos capaces de interpretar y menos aún de razonar lo que leíamos. La escuela estaba situada en un semisótano con una puerta fuerte de madera recia dividida en dos partes, que daba a la Calle Real. Sólo se cerraba la parte de abajo, quedando la media puerta de arriba abierta para ventilación, aunque tenía una gran ventana con rejas.      Al entrar en el colegio saludábamos siempre al señor maestro: “¡Buenos días nos dé Dios, señor maestro!” y, una vez todos dentro de la escuela y colocados en nuestros pupitres, rezábamos y algunos días cantábamos el “Cara al sol”. Al terminar las clases nos despedíamos diciendo: “¡Hasta mañana si Dios quiereeeeeee!”.      En medio de la habitación escolar había una barra vertical de hierro, una e...
HUÉNEJA, 25 DE MARZO DE 1934           ¿Dónde nació este ser vivo? Yo no sé por mí mismo cómo nací, ni la fecha ni la hora ni dónde estaba antes de nacer; por ahora solo sé que me encontré en este mundo así por las buenas, pero del momento de nacer no tengo ni puñetera idea; todo lo que pueda decir es porque me lo han dicho otras personas, sea verdad o cuento.           Me contaron que nací en un pueblo llamado Huéneja (Granada) y que asistió a mi nacimiento una partera muy experta, ya que en aquellos tiempos no había comadronas profesionales. Que nada más llegar a este mundo me camelé a aquella partera guiñándole un ojo, pues dicen que ya entonces era algo pícaro, aunque yo me imagino que a lo mejor lo que ocurrió fue que nací con cierta astenia del párpado derecho y abría y cerraba el ojo para ir viendo dónde estaba y a qué mundo había llegado, aunque yo no sé si venía de otro,...