HUÉNEJA, 25 DE MARZO DE 1934
¿Dónde nació este ser
vivo? Yo no sé por mí mismo cómo nací, ni la fecha ni la hora ni dónde estaba
antes de nacer; por ahora solo sé que me encontré en este mundo así por las
buenas, pero del momento de nacer no tengo ni puñetera idea; todo lo que pueda
decir es porque me lo han dicho otras personas, sea verdad o cuento.
Me contaron que nací en
un pueblo llamado Huéneja (Granada) y que asistió a mi nacimiento una partera
muy experta, ya que en aquellos tiempos no había comadronas profesionales. Que nada más llegar a este mundo me camelé a aquella partera
guiñándole un ojo, pues dicen que ya entonces era algo pícaro, aunque yo me
imagino que a lo mejor lo que ocurrió fue que nací con cierta astenia del
párpado derecho y abría y cerraba el ojo para ir viendo dónde estaba y a qué
mundo había llegado, aunque yo no sé si venía de otro, pues a mí no me queda
ningún recuerdo de nada. Claro, ahora sé que soy un producto biológico, como
diría la ciencia moderna, pero entonces yo ni pensaba ni me hacía interrogantes
sobre mi existencia o mi no existencia antes de nacer. Yo seguí cerrando el ojo
derecho antes que el izquierdo y por ello seguí teniendo fama de pícaro y de
admirador de la belleza.
El caso es que de todo
este acontecer yo no tengo en mi subconsciente ni la más mínima idea ni
recuerdo; en mi cerebro neuronal no se grabó de este devenir ni la más mínima
imagen: yo no sé por dónde ni cómo nací o vine a este mundo terráqueo. Claro está
que imagino que así es la vida y que a todo ser humano o bicho viviente le
habrá pasado lo mismo.
Me contaron que el mismo día y hora en que yo nací nacieron también un primo mío llamado Francisco Larrosa Aznarte y el que luego sería un gran amigo, José Portero Tortosa, con los que luego iría al colegio en el mismo pueblo. Siempre nos contábamos esta anécdota los tres, no porque la supiésemos por nosotros mismos por estar grabada en nuestro interior sino porque nuestros padres así nos lo comunicaron reiteradamente. De esta forma supimos que los tres nacimos por la noche, sobre las tres de la madrugada, el día veinticinco de marzo de 1934. Fuimos amigos desde entonces y jamás tuvimos la más minina discusión ni discrepancia, supongo que porque nacimos bajo la misma estrella.Y ahora, cuando escribo estos recuerdos contados por los padres, aún vivimos los tres, uno en Barcelona, otro en Almería y yo en Madrid.
Según interpretan los antiguos astrólogos las estrellas tienen gran influencia sobre la vida de cada cual y por ello se dice aquello de “nació con tal estrella”. Puede ser cierto que los astros tengan algo que ver con nuestra vida y nacimiento e incluso con nuestro destino y felicidad mundanal; ahora todos los científicos dicen que son los cromosomas los que guían la genética y hasta la conducta, pero sigo pensando que es más poético el que sean las estrellas que vemos las que sigan teniendo algo que ver con los destinos humanos.
Al comenzar esta relación de aconteceres con este aparato llamado ordenador se ha borrado parte de lo escrito por accidente, pero yo voy a seguir rememorando todas estas tonterías que me salen espontáneamente mientras busco las letras en este invento carismático y extraño.
Me pusieron de nombre Eliseo como a un tío mío médico, hermano de mi madre. Creo que soy un animalote más de este mundo y que pasaré por él vivo y coleando como corresponde a lo poco que sabemos del existencialismo. He pensado muchas veces que si nacemos en un lugar fijo, en un día y año determinados, pero sin poder elegir nada, será porque antes no existíamos en ningún sitio, y resulta que además, desde ese momento, ya existimos para siempre pero sin libertad: no escogemos ni patria, ni tiempo, ni geografía, ni hora ni nada de nada: ¡Allá vamos y aquí estamos! ¿Quién descifra todo esto? ¿No estamos ante un misterio muy misterioso? ¿Venimos de la nada no existente? Por lo menos es así en cuanto a memoria y pensamiento deductivo; otra cosa es la explicación que podemos dar hoy con la ciencia biológica o materia maleable, mudable, evolutiva y reproductiva. Yo ahora dejo a cada cual que saque sus deducciones, que filosofe un poco profundizando en su mente y que diga lo que encuentre; yo metiéndome dentro de mi cerebro mental, hacia el interior de mi yo, que parece estar detrás de la frente, dentro de lo que llamamos cabeza, solo encuentro interrogantes y dudas. Luego si dudo es porque existo. Pero realmente no sé por qué existo ni por qué dejo de existir y dónde me iré cuando deje de existir. Solo la fe religiosa da alguna explicación, pero esto hoy día se piensa poco.
Me contaron que el mismo día y hora en que yo nací nacieron también un primo mío llamado Francisco Larrosa Aznarte y el que luego sería un gran amigo, José Portero Tortosa, con los que luego iría al colegio en el mismo pueblo. Siempre nos contábamos esta anécdota los tres, no porque la supiésemos por nosotros mismos por estar grabada en nuestro interior sino porque nuestros padres así nos lo comunicaron reiteradamente. De esta forma supimos que los tres nacimos por la noche, sobre las tres de la madrugada, el día veinticinco de marzo de 1934. Fuimos amigos desde entonces y jamás tuvimos la más minina discusión ni discrepancia, supongo que porque nacimos bajo la misma estrella.Y ahora, cuando escribo estos recuerdos contados por los padres, aún vivimos los tres, uno en Barcelona, otro en Almería y yo en Madrid.
Según interpretan los antiguos astrólogos las estrellas tienen gran influencia sobre la vida de cada cual y por ello se dice aquello de “nació con tal estrella”. Puede ser cierto que los astros tengan algo que ver con nuestra vida y nacimiento e incluso con nuestro destino y felicidad mundanal; ahora todos los científicos dicen que son los cromosomas los que guían la genética y hasta la conducta, pero sigo pensando que es más poético el que sean las estrellas que vemos las que sigan teniendo algo que ver con los destinos humanos.
Al comenzar esta relación de aconteceres con este aparato llamado ordenador se ha borrado parte de lo escrito por accidente, pero yo voy a seguir rememorando todas estas tonterías que me salen espontáneamente mientras busco las letras en este invento carismático y extraño.
Me pusieron de nombre Eliseo como a un tío mío médico, hermano de mi madre. Creo que soy un animalote más de este mundo y que pasaré por él vivo y coleando como corresponde a lo poco que sabemos del existencialismo. He pensado muchas veces que si nacemos en un lugar fijo, en un día y año determinados, pero sin poder elegir nada, será porque antes no existíamos en ningún sitio, y resulta que además, desde ese momento, ya existimos para siempre pero sin libertad: no escogemos ni patria, ni tiempo, ni geografía, ni hora ni nada de nada: ¡Allá vamos y aquí estamos! ¿Quién descifra todo esto? ¿No estamos ante un misterio muy misterioso? ¿Venimos de la nada no existente? Por lo menos es así en cuanto a memoria y pensamiento deductivo; otra cosa es la explicación que podemos dar hoy con la ciencia biológica o materia maleable, mudable, evolutiva y reproductiva. Yo ahora dejo a cada cual que saque sus deducciones, que filosofe un poco profundizando en su mente y que diga lo que encuentre; yo metiéndome dentro de mi cerebro mental, hacia el interior de mi yo, que parece estar detrás de la frente, dentro de lo que llamamos cabeza, solo encuentro interrogantes y dudas. Luego si dudo es porque existo. Pero realmente no sé por qué existo ni por qué dejo de existir y dónde me iré cuando deje de existir. Solo la fe religiosa da alguna explicación, pero esto hoy día se piensa poco.
Así es que haciendo
bastante esfuerzo veo que en mi interior aparecen las primeras imágenes de mi
existencia, tendría yo unos tres años. Y me veo debajo del brazo de una mujer
corriendo y casi para caerme, que resultó ser mi Antonia “la Perica”, que era
de Ferreira, y que estaba en mi casa viviendo. Había ido a lavar la ropa a lo
alto del río Huéneja, cerca de la presa y el molino bajo y, al ver venir una
avalancha de gente corriendo y gritando, toda asustada me cogió bajo el brazo,
se dejó la ropa y llegó rápido al pueblo a contar lo que veía. Me contaron
después que la causa de aquel estruendo fue que las tropas franquistas habían
tomado Málaga y que estaban matando a todos sin juicio ni nada; como no podían
huir por la costa, porque la armada alemana los ametrallaba sin compasión y estaban muriendo como chinches, la gente huyó despavorida al campo. Al ver venir aquella desbandada de personas, animales y niños gritando y corriendo, a Antonia le
pareció que el mundo se acababa y de ahí el tremendo susto. De aquella carrera
lo único que recuerdo era que yo existía debajo del brazo de Antonia que me
apretaba.
También tengo muy grabado en mi memoria el ver a
muchísima gente, todo el pueblo repleto de personas desconocidas, y a mi madre
haciendo café de cebada en el enorme perol de cocer las cebollas para la
matanza para asistir a los desgraciados malagueños; recuerdo perfectamente que
no había tazones suficientes para satisfacer la sed y el hambre de aquellos
pobres seres humanos macilentos que huían del terror de las tropas de Franco.
También de aquellos
primeros tiempos de mi existencia tengo el recuerdo íntimo cerebral de correr
por el pueblo a todo trapo río abajo y guarecerme en las alamedas, al sentir
por los aires los ruidos de los motores de aviones que después supimos eran los
de la legión cóndor alemana que bombardeó Guadix, la cabeza de partido de
aquella región. Después en mis viajes de más mayor pude comprobar que los
bombardeos destruyeron barrios enteros alrededor de la catedral, que se salvó
porque los republicanos la tenían enterrada en sacos de arena. En Huéneja no
hubo bombardeo ni cayó un solo proyectil, pero todo el pueblo huyó despavorido,
quedando solo un difunto dentro de su caja mortuoria al que velaban en aquellos
momentos antes de enterrarlo en el cementerio.
Así, tal y como lo narro
en este escrito, es como yo empecé mi existencia y a saber que existía en el
mundo, el mundo pequeño de mi pueblo, Huéneja. Yo ahora me pregunto: ¿influyó
esta situación inicial de mi existencia en que yo opinara y actuara luego toda
mi vida de determinada manera, un tanto cabezonamente? Pues siempre odié la
injusticia, la indignidad, el latrocinio y todo lo que suponía ineducación y
soberbia, y pasé a ser firme partidario de la ética del amor, de la educación
dialogante y de la máxima sinceridad, aunque me costase la muerte
y el desprecio. Para mí solo empezó a existir una cosa bella y digna: el amor
en todas sus facetas.

Comentarios
Publicar un comentario